Más mentiras sobre los transgénicos cubanos


Por Isbel Díaz Torres

El Dr. Luis A. Montero Cabrera está dispuesto a “destruir riquezas genéticas que nunca más se generarán”, del mismo modo que ha sucedido “en el momento de desmontar bosques” para destinar la tierra a la agricultura, según sus palabras en entrevista publicada en el sitio oficial Cubadebate.

Según el funcionario, promotor de la total liberación de cultivos transgénicos en los campos cubanos, “la ciencia seria tiene salvaguardas para prevenir cualquier problema que pueda ocurrir”.

Es sorprendente escuchar expresión tan entusiasta e irreflexiva de boca de un científico. Si algo saben los científicos es que los niveles de control y la capacidad de prevención que poseen sobre los procesos tecnológicos son limitadísimos.

Las llamadas “condiciones controladas”,  donde muchos de ellos desarrollan sus experimentos son, a veces, imposibles de reproducir en otros laboratorios, sin hablar ya en los procesos productivos, donde las variables son casi infinitas.

La cuestión de la liberación de transgénicos es grave. Quienes deseen conocer, investiguen sobre el impacto que han tenido los cultivos de maíz modificado en México, los muchos casos de contaminación genética (cruzamiento de las variedades nativas con las transgénicas), en el país que es centro de origen de esa planta.

El caso cubano, cuyo sistema de Agricultura ni siquiera puede asegurar que los organopónicos urbanos no utilicen agroquímicos, por ejemplo, es el peor escenario donde podrían usarse las semillas transgénicas.

De hecho, buena parte del escándalo sobre el uso de transgénicos en Cuba surgió tras conocerse hace algunos años que campesinos cubanos ya estaban sembrando maíz transgénico, fuera de las parcelas de experimentación.

Reconozcámoslo: los efectos de los transgénicos en los ecosistemas son incontrolables, irreversibles, e impredecibles. Que los funcionarios quieran decir lo contrario es comprensible, pero solo lograrán engañar a quienes no estén informados.

Como es de esperar en individuos anti-ecologistas, el Dr. Montero no se queda ahí, sino que asegura que “el 25% del nitrógeno que hay en nuestros cuerpos (…) ha sido producido gracias a los fertilizantes artificiales”,  por lo que llega a la alucinante conclusión de que “si no se hubiera producido todo el fertilizante artificial que se ha obtenido en el siglo XX y lo que va en el siglo XXI y lo que se producirá en el futuro, probablemente muchos de los que estamos aquí no existiríamos”.

Estas aseveraciones pareciera que nada tienen que ver con los transgénicos, pero todo lo contrario, el funcionario está preparando el terreno para cuando llegue el momento de decir que esta tecnología conlleva un paquete que incluye un determinado plaguicida y un determinado herbicida, el cual, por supuesto, limitará la autonomía de los productores y del país.

Lo más ingenuo de la entrevista fue escuchar cómo se hacía una ligera crítica a las transnacionales de semillas, como Monsanto (principal actor a nivel mundial en el mercado de las semillas modificadas genéticamente). “Un aporte sería romper un poco el monopolio de la producción de esos productos. Ojalá muchos países de este mundo sin intereses monopólicos también produjeran transgénicos…”, decía Montero, como si a los monopolios se les pudiera derrotar con un “ojalá”.

Lo cierto es que Cuba extenderá sus sembrados de maíz y soya transgénicos en 2017, y en consonancia, en estos días viajó a EE.UU. el viceministro primero de Ciencia, Tecnología y Medioambiente de Cuba, Fernando González, muy seguramente NO para garantizar la soberanía alimentaria del país.

Por demás, recientemente la compañía alemana Bayer compró a la multinacional estadounidense Monsanto. Y, si no lo sabían, Bayer está en Cuba hace muchos años, ensayando sus productos químicos en nuestros campos de cultivo.

De manera que si Bayer está, Monsanto también está, por lo que tenemos garantizado para el futuro un modelo de agroindustria fuertemente petrodependiente, con muchos químicos, y basado en el cultivo de grandes extensiones: sin duda, un duro golpe para la agroecología cubana.

Publicado en http://www.havanatimes.org/sp/?p=120233

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