Ley de aguas vulnera recursos naturales en Cuba


Por Isbel Díaz Torres

La nueva embotelladora Sierra Canasta. Foto: trabajadores.cu

El Parlamento cubano aprobará una nueva ley que intenta ordenar la gestión de las aguas terrestres en el país y ajustarla a los diseños económicos promovidos por la élite en el poder.

El texto pretende hacer un uso “integrado y sostenible” de estos recursos, y buscará “maximizar el bienestar económico y social, sin comprometer la salud o conservación de los ecosistemas vitales”.

También reconoce el acceso al agua potable y el saneamiento como “derecho humano esencial”, y hace alusión al “uso racional del agua y su reutilización”.

Compromete al Ministerio de Salud Pública a “mantener la vigilancia sobre el cumplimiento de las normas en el manejo del alcantarillado sanitario” y a los gobiernos locales a “trabajar por la protección de las aguas terrestres y la reducción de su contaminación”.

No obstante, bien sabemos que esas son palabras que caben en cualquier discurso, así provenga del mismísimo Donald Trump.

Desde septiembre de 2013 denunciamos en Havana Times que una nueva fábrica de agua mineral embotellada, de tecnología italiana, había iniciado la producción en los manantiales de las montañas de Guantánamo, con el nombre comercial de Sierra Canasta.

Según la información que publicó entonces el diario Trabajadores, el potencial de la planta posibilitaría “ir ganando un espacio en los países de la cuenca del Caribe insular”, por lo que la perspectiva de exportar venía desde entonces. Quizás solo faltaban los pequeños ajustes que ahora llegan con esta nueva legislación (*).

Es significativo que la ley establezca en su Artículo 23.1, que los bienes que integran el “patrimonio hidráulico estatal” son de “dominio público”, pero su uso está limitado. Así, es posible “pasear, permanecer, bañarse, pescar, navegar y otros que no requieran obras e instalaciones”, excepto cuando, lo determine el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos.

Pero en el Artículo 25 ya entendemos de qué se trata: a partir de ahora se autoriza “la transmisión de bienes y derechos del patrimonio hidráulico estatal como aporte a cualquier forma de asociación económica internacional o para la constitución de entidades no estatales”.

Las personas naturales o jurídicas no estatales podrán adquirir derechos para la gestión de las aguas terrestres, según el Artículo 26.1, lo cual no augura nada bueno para los ecosistemas, dado que, según el orden de prioridades en su uso, el caudal ecológico (**) está en séptimo lugar:

  1. Abastecimiento humano
  2. Abastecimiento animal
  3. Caudal sanitario
  4. Riego agrícola y producción industrial de alimentos
  5. Resto de la industria
  6. Acuicultura en embalses o estanques y camaronicultura
  7. Caudal ecológico y
  8. Recreativo

Más adelante, en el Artículo 49, se detalla, además, el proceso para realizar concesiones para la gestión de nuestras aguas a cualquier modalidad de inversión extranjera, incluyendo la explotación de yacimientos de aguas minerales.

De manera que ya va tomando forma la idea de exportar agua cubana. De hecho, el nuevo régimen económico de las aguas terrestres recoge los “ingresos por concepto de exportaciones de productos, servicios y asistencia técnica vinculados con las aguas terrestres”.

Esta ley, como todas las que involucran recursos naturales en Cuba, incluye dentro de sus Disposiciones Especiales, las habituales prerrogativas para los militares en la Isla: “Los ministerios de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Interior adecuan en lo que resulte necesario, la aplicación de las disposiciones establecidas en la presente ley”.

Si además sabemos que esas fuerzas se asientan y controlan las áreas naturales de donde emergen valiosas fuentes de agua, y que de allí toman y gestionan recursos de manera no transparente, ya podemos suponer los jugosos beneficios que recibirán, ahora que tienen amparo legal.

El oriente cubano ha sufrido, por décadas, sistemáticas sequías en su territorio, donde incluso se desarrollan procesos de desertificación natural. Si sumamos las actividades de minería a cielo abierto, la deforestación, y ahora el potencial comercio con sus fuentes de agua, el panorama allí se anuncia bien seco en los próximos años.
—–

(*) La fábrica guantanamera debió pasar de “embotelladora de agua mineral natural”, a una de “agua mineral tratada”, pues la inicial cerró apenas 2 meses depues de inaugurada debido a que el pozo de donde extraían el preciado líquido fue contaminado con las labores constructivas y las poderosas lluvias. Descubrieron entonces que no era factible usar una fuente acuífera a la que era imposible imponerle toda la protección sanitaria requerida.
Sabemos que la planta aún funciona, pero no sabemos si ya el gobierno cubano compró la planta de tratamiento requerida y la tubería de acero inoxidable que debía sustituir a la de polietileno que encamisaba el pozo.

(**) Caudal ecológico: consiste en el gasto de aguas abajo de las presas y derivadoras, necesario para mantener las funciones ecosistémicas de la corriente y las condiciones de la biodiversidad.

Publicado en Havana Times

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