Al Estado no le importa la naturaleza


Por Kabir Vega Castellanos

Cada vez se hace más frecuente encontrar árboles mutilados en cualquier parte de la ciudad de La Habana. A veces ni siquiera tienen tendidos eléctricos encima, así que no entiendo la causa de la tala.

Tampoco se me hace comprensible cuál es la política respecto a la arborización en un país tropical donde el sol en verano es sencillamente una tortura.

Hace unos días me espantó ver que habían talado una ceiba en el mismísimo Parque Central. No sé si se proyecta establecer una zona Wi-Fi, pero siendo una zona turística, y a solo unos metros del recién inaugurado Hotel Manzana, se podría haber intentado una solución más ecologista.

En ese mismo parque, tan transitado y donde se estacionan ómnibus que solo transportan a turistas, he visto a  extranjeros comiendo un sándwich y a perros callejeros que los miran con ojos suplicantes.

¿Cómo se sentirán los que poseen un mínimo de sensibilidad?

Si además ven en cualquier esquina una gallina despedazada dentro de una bolsa de nailon (plástico), una paloma decapitada o una ceiba aún en pie y rodeada de malolientes cadáveres.

El trato que los cocheros dan a los caballos también es bochornoso. Parecen desplegar su rabia y frustración en el pobre animal, yo tuve la desgracia de presenciar cómo uno le pegaba a una yegua muy mal alimentada, por pura diversión.

Aunque muchos extranjeros tratan de que su estancia en el país sea lo más agradable posible, hay cosas que simplemente, saltan a la vista.

Otros se involucran hasta el punto que el suvenir que se llevan de Cuba es un gatico o perrito encontrado en una calle, al cual decidieron salvar de su miseria. Un regalo que los enreda en largos y caros trámites.

¿Pero es justo, correcto, que un extranjero, un extraño de otro país tenga que aliviar los problemas de aquí?

Las organizaciones que han surgido espontáneamente y luchan por solucionar la agónica situación de los animales en Cuba, (a estas alturas sin una Ley de Protección, que sería solo el principio de la civilización), se sustentan de donaciones extranjeras.

Antes del triunfo de la Revolución fue Jeannette Rayder, una estadounidense residente en la Isla, la primera en pronunciarse contra el maltrato animal, la primera en exigir que se crearan leyes para protegerlos.

¿Es posible que dificultades tan visibles, que inciden no solo con la estética de la ciudad, sino con la higiene y la salud de los ciudadanos, solo importen a los extranjeros?

¿Qué papel le corresponde al Estado, que es el que controla y administra todos los recursos?  ¿Solo el de depredador? ¿Para los árboles la tala, para los animales callejeros la muerte por enfermedad, accidente o por la intervención de Zoonosis? ¿La Ley únicamente existe para favorecer la destrucción?

 Publicado en: http://www.havanatimes.org/sp/?p=123063

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