El crimen de Manzanillo: ¿quedará impune?


Por Irina Echarry

Uno de los protagonistas

Desde hace unos días un video recorre las redes sociales: jóvenes manzanilleros queman a un cachorro vivo, en plena calle. Por la precariedad del internet no he podido verlo pero, la verdad, no quiero.

Cuando lo supe lo primero que sentí fue horror, imaginaba los aullidos del perrito intentando escapar de las llamas. Me preguntaba cómo a alguien se le puede ocurrir semejante crueldad.

Luego de saber que ninguno de los que contempló la escena hizo nada por evitarlo, una profunda tristeza me invadió. Tristeza porque una sociedad donde las personas se atribuyen el derecho de matar a su antojo, es una sociedad enferma. Hoy fue un cachorrito indefenso, mañana puede tocarle a cualquiera.

Hasta en la época de la Inquisición torturaban y mataban a los herejes con un fin; equivocado, cruel, horrible, pero tenían un propósito. A estos jóvenes cubanos ¿qué los mueve? ¿Qué piensan cuando encierran al perro en una caja y encienden el fuego? ¿Qué los impulsa a mostrar el rostro mientras realizan tal acto de vandalismo? ¿Acaso son conscientes de lo que hacen?

El que filmó el asesinato

Desgraciadamente, en nuestro país no existe (y probablemente tardará años en llegar) una ley de protección animal. Hay organizaciones haciendo la fuerza para lograrlo, recogiendo firmas entre las personas sensibles al tema. Desde mi punto de vista, urge que Aniplant, CEDA, PAC, y todos los seres que de manera independiente hacemos algo por los derechos de los animales nos unamos en este noble empeño. Dispersos no vamos a conseguirlo y, mientras, ocurren estas atrocidades.

Así, es difícil  juzgar legalmente a quien comete esas injusticias. Pero existen en Cuba otras leyes, normas o regulaciones a través de las cuales estos asesinos pueden pagar medianamente por lo que hicieron.  Muchas veces, cuando se trata de “disidentes” el gobierno las utiliza mal, a su conveniencia; ¿por qué no emplearlas ahora de manera justa?

Estos muchachos deben ser llevados a los tribunales, ahí están sus rostros para que los identifiquen. El castigo serviría para que ellos reflexionen sobre lo que hicieron, influiría en la comunidad que no se inmutó frente a tal atropello, y ofrecería un escarmiento a toda la sociedad.

Es necesario exigir justicia, despertar de este letargo en el que confundimos lo “normal” con la maldad, el juego con la crueldad, y no damos el verdadero valor a los seres con quien compartimos este planeta.

Publicado en Havana Times

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