De peleador de perros a protector de animales


Por Joan Manuel Núñez Díaz

Es difícil creer que un hombre que ha sido organizador de peleas clandestinas de perros sea capaz de convertirse en un activo defensor de los animales, pero Raysé Cosculluela, residente del municipio artemiseño de Bauta, lo ha hecho.

Por más de 25 años se dedicó a la cría, entrenamiento y pelea de perros de manera ilegal. En su “currículum” cuenta la participación en varias decenas de combates organizados y “charangas” (topes informales).

En sus perreras albergó y entrenó a muchos campeones. Nombres como Chamán u Obelix le dieron fama y prestigio a nivel nacional, al punto de ser considerado por muchos como uno de los mejores criadores y entrenadores de perros de pelea de Cuba. Los consejos sobre el cuidado de los canes brindados por el “Maestro”, como muchos en su entorno le llamaron, se convirtieron en manual para sus seguidores dentro y fuera del país.

En el patio de su maltrecha vivienda tuvieron lugar infinidad de justas donde animales de toda Cuba intercambiaron dentelladas.

Cosculluela, de 53 años, decidió abandonar ese mundo luego de 11 cartas de advertencia de la Policía y la inminente sanción de privación de libertad.

Sin embargo, su afición por los perros no disminuyó, sino que le hizo replantearse la finalidad con la que debía criarlos y cambiar su visión sobre ellos.

Por medio de literatura especializada, comenzó a conocer más sobre las razas, específicamente la pitbull. Esto le llevó a intentar lograr que sus perros pudieran realizar ejercicios como la mordida de presa en el aire, recorridos con obstáculos, salto largo, salto alto y arrastre de peso, que sustituyeron las peleas.

Cosculluela ha recibido muchas críticas por su cambio; pero “son más los que me han apoyado y mostrado su admiración”, asegura. Actualmente dirige un grupo de “perreros” e imparte talleres sobre el cuidado del animal que incluyen temas como el de la endogamia, el uso de desparasitantes, los tipos de sarna, entre otros. “Mi interés particular es que se conozca” y “se hable de estos temas”, dice.

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Con el apoyo del INDER y el Consejo de Administración Municipal, ha organizado competencias con perros pekineses y ratoneros. En 2007 comenzó a organizar competencias de arrastre de peso con pitbulls consiguiendo gran atención. “Intento demostrar que otro uso de la raza es posible”, explica.

Para Cosculluela la diferencia más significativa entre pelear perros y lo que hace con ellos ahora reside en que antes la vida del perro terminaba abruptamente y con sufrimiento.

En la modalidad deportiva el animal disfruta el ejercicio, además de que no se atenta contra su integridad física. Estas competencias logran atraer más público y seguidores, detalla.

El perro “es parte de mi familia, de mi casa… es parte de mi cuerpo”, dice Cosculluela y detalla que cuando ha perdido alguno ha intentado no volver a adoptar otro, pero el amor por estos animales es más fuerte.

Sin embargo, Cosculluela no solo cría perros; por su casa han pasado desde cocodrilos e iguanas hasta gavilanes y pavorreales. La gente le lleva los animales y, aunque no siempre puede quedarse con ellos, acoge a la mayoría.

A muchos de esos animales los cuida un tiempo hasta que pueden valerse por sí solos y luego los libera. Por lo que usualmente, siempre hay en su casa varias especies.

Sus palomas llevan anillos en las patas donde se aprecia, además de la bandera cubana, el tanque de la Conaca, símbolo de la identidad bautense, y su número telefónico, pues conserva la esperanza de que de que existan personas de buena fe que, en caso de extravío, se las devuelvan.

Actualmente cuida varias jutías conga y una carabalí, esta última muy difícil de lograr en cautiverio. Recientemente tuvo que pagar una multa de 250 pesos (unos 10 dólares) por tenerlas, pese a que la televisión estatal ha mostrado reportajes sobre cubanos que crían estos roedores.

Cosculluela dice que solo compra comida para sus palomas y gallinas. El alimento del resto de sus animales se lo regalan amigos y vecinos. Curiosos y niños de la localidad le visitan o simplemente se detienen a contemplar su mini zoo. Él les habla sobre el cuidado de las especies.

En estos momentos tiene planificado ampliar las jaulas de los perros y habilitar dos pajareras. “La idea es que las personas interactúen y que cuando vengan los niños puedan intercambiar con los pitbull”, dice.

Cosculluela se ha propuesto demostrar que “el pitbull es víctima del manejo humano”, que no es un perro de pelea por nacimiento, sino que el entrenamiento malintencionado provoca su agresividad.

Otra de sus proyectos es practicar vasectomías y ligaduras gratuitas, apoyado por la revista cubana El Arca, para reducir la densidad de gatos y perros en las calles. Asimismo, planea una peregrinación al Cementerio de Colón el próximo año, en la semana de la fidelidad del perro, para abogar por una ley de protección animal.

“Creo que tengo una deuda impagable con la raza pitbull”, confiesa. “No me va a alcanzar la vida para pagarle el daño que le hice”.

Publicado en: http://cartasdesdecuba.com/de-peleador-de-perros-a-protector-de-animales/

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