Anemia energética en Latinoamérica y el Caribe a la altura del 2017


Por Erasmo Calzadilla  (con Demián Morassi y Aníbal Hernández)

Ya salió al aire el informe anual BP Statistical Review of World Energy, momento que varios amigos aprovechamos para tratar de comprender y comunicar lo que está ocurriendo con la energía en nuestro continente (excluyendo a EE.UU. y Canadá)*.

En la primera entrega, justo hace dos años, comenzamos con un llamado de atención sobre nuestra altísima y pegajosa dependencia de los combustibles fósiles, petróleo en especial.

Nos pareció alarmante porque esas materias primas a las que somos adictos no son renovables, y su producción declina de manera estable desde hace ya algún tiempo.

Los comentarios habituales se movieron en la cuerda de: “No hay de qué preocuparse, Venezuela tiene las reservas más grandes del mundo” o “somos un continente pletórico de fuentes de energía renovable que sustituirán a las fósiles”… cosas como esas.

Así piensa la mayoría, porque han sido confundidos por los medios. ¿Y los gobiernos? también andan en las nubes o nos ocultan sus verdaderas intenciones. Hasta donde sabemos ningún país de nuestro entorno ha emprendido medidas preventivas para mitigar la crisis crónica que se avecina. Al contrario, aprietan el acelerador aspirando al crecimiento y así se mantiene intacta la tóxica dependencia.

El declive de los fósiles que amenaza la paz y la prosperidad en el continente es provocado por una combinación de factores. El más conocido es la ralentización de la economía mundial -que genera desinversión en el sector energético. Otro importante es la crisis política y social que sufren los grandes productores: Venezuela, México y Brasil.

Sin menospreciar lo anterior nos interesa resaltar una causa más profunda: los combustibles fósiles de mejor calidad y más asequibles ya fueron extraídos, siguiendo la “lógica” del mercado y la voracidad creciente de las sociedades industriales. La materia prima que permanece bajo tierra es cada vez más difícil de convertir en un producto comercial. Como consecuencia, el proceso se va tornando menos rentable desde el punto de vista energético. Ocurre en América y en todo el planeta; ningún suministrador de allende los mares nos va a sacar las castañas del fuego.

Pero retornemos a nuestro continente. Hace dos años extrapolamos los valores de producción y consumo de petróleo y estimamos que alrededor del 2017 el consumo comenzaría a descender, arrastrado por la caída de la producción.

 

Y acertamos. Ese evento dramático que tantos trastornos sociales y económicos provocará ya está ocurriendo.

Luego aplicamos el mismo procedimiento a la energía total, considerada como suma de todas las fuentes. Otra vez anunciamos que el cenit no estaba lejos y de nuevo acertamos. No porque seamos unos genios en Matemáticas y expertos peakoileros, sino porque partimos de los presupuestos correctos, cosa que no hacen ni la prensa ni los analistas oficiales en sus disparatados reportes.

 

¿Pero y las renovables? ¿No iban a compensar la caída de las fósiles? Veamos si es posible.

Para tener una idea de si las renovables pueden o no evitar el desastre hicimos una pequeña “investigación”. Partiendo de los datos reportados por BP hasta el 2016 extrapolamos las curvas de producción de energía, según los siguientes criterios. Fósiles cayendo de manera lineal (las predicciones matemáticas y los datos concretos sugieren que la caída será acelerada), energía nuclear e hidroeléctricas manteniéndose estable (otra mentira piadosa) y renovables creciendo de manera exponencial. El resultado es mostrado en la siguiente gráfica.

O sea, seleccionando el más optimista de los escenarios – que raya en lo fantástico- tendríamos que esperar hasta la década del 40 para que las “otras renovables” lleguen a compensar la caída de las fósiles. Más de treinta años con la economía cayendo de manera continua sin colapsar… difícil ¿no? En el papel parece posible, por todas las abstracciones que hemos hecho, pero en la práctica es casi imposible.

El problema es que las “otras renovables” no están maduras aún, no se valen por sí mismas, y la materia prima para desarrollarlas tampoco es que abunde. Han logrado expandirse gracias al ambiente propicio generado por la abundancia de petróleo: crecimiento económico, estabilidad social, abundante inversión en I + D, megaminería que permite la extracción de tierras raras…, pero cuando estos factores se esfumen su desarrollo se ralentizará y puede que nunca logren despegar.

Conclusiones

Señores, apriétense los cinturones porque parece que ya comenzó la fiesta. Los gobiernos de nuestros países no van a reaccionar a la alarma energética y cuando lo intenten será demasiado tarde. Todo el esfuerzo para mitigar el impacto del declive está en manos de individuos y comunidades.

Pero veamos el lado positivo: la crisis acabará con el capitalismo y la saga de demonios que le acompañan. O como dicen en mi barrio: lo bueno que tiene esto es lo malo que se está poniendo.

Nada garantiza, por cierto, que le sucederá un sistema más justo y humano.

En un próximo trabajo mostraremos con más detalle las dimensiones del desastre.

——–

*EEUU y Canadá no fueron incluidos en nuestro análisis, porque sus características (países económicamente ricos y grandes productores) los distancia demasiado del resto del continente. Ellos necesitan un capítulo aparte.

**Otras renovables se refiere fundamentalmente a energía solar y eólica.

Publicado en: http://www.havanatimes.org/sp/?p=124396

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